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La Creatividad, una habilidad básica indispensable – Alejandro Abufom

Autor: Alejandro Abufom

Fecha de publicación en Neuronilla: 19/08/2005

La actitud creadora

La vida natural y humana se desarrolla a través de un proceso de transformación permanente. La energía se transforma, se transfiere, se transmuta, se recicla, pero nunca permanece igual. La idea de igual es sólo una creación mental que permite dar cierta estabilidad de tiempo y espacio a las cosas. (Una cosa no puede ser igual a otra. Aunque sean copias perfectas, una tendrá un tiempo o lugar de concepción diferente o está sometida a otras variables).

La actividad creadora es la que determina el grado y posibilidad de transformación de un ser humano. Determina la capacidad de manejar y utilizar, en beneficio propio y de los demás, las transformaciones o cambios inevitables de la vida. Los cambios constituyen el tránsito de un estado a otro. Desde esta perspectiva, la creatividad es la capacidad de transitar libremente dentro de una amplia gama de estados, sean éstos emocionales, psíquicos, intelectuales, fisiológicos, espirituales…

La creatividad es una actitud interior disponible a vivenciar las transformaciones. No significa solamente hacer obras de arte o escribir libros. Estar disponible significa estar vivo y en proceso de desenvolvimiento permanente. Significa aceptar –aunque nos cueste- que nada permanece igual.
Creador es, entonces, aquel que maneja las transformaciones, aquel que vive los cambios, que es capaz de producir transformaciones, que puede ser transformado por los cambios y que, cuando sea necesario, deja fluir sin interferencia los que ocurre dentro y fuera de su campo de acción. Del desarrollo de la actividad creativa depende el futuro del ser humano. Cada uno de nosotros depende, a diario, de la expresión concreta de esta capacidad para relacionarse con el mundo. Pero esta capacidad no puede ser impuesta por decreto sino solo facilitada. El ser humano requiere con urgencia “poner en marcha”, actualizar su capacidad creadora si quiere sobrevivir a sus circunstancias, si quiere vivir con dignidad y plenitud.

Una pista: reconocer lo propio

Actualizar (ya que todo ser humano sano es naturalmente creativo) y habilitar esta capacidad significa, entre muchas cosas, recuperar el contacto consigo mismo y con el ambiente. El individuo necesita “re-encarnarse en si mismo” para comenzar a descubrir la genuinas necesidades y obtener los recursos para satisfacerlas. (De esto se habla mucho hoy por hoy, pero se practica muy poco).

Tomar contacto consigo mismo no es mas que volver a vivir en el cuerpo, vivir desde el cuerpo, como una unidad completa. Significa descubrir el gran espacio interior de las emociones, las ideas, los sueños, los instintos… De esta manera, el desarrollo de la creatividad pasa por esta vuelta al reconocimiento de la propia individualidad y el grado de “genialidad” creativa estará dado por el conocimiento de este mundo interno. Al atender a su mundo interior, el ser humano deja de depender de la valoración social que le indica qué necesidades atender, en que orden, que es lo importante, etc. y comienza a encontrar, en este mismo proceso, las formas de satisfacción para su vida.

La creatividad, entonces, se transforma en una actividad de vida permanente, saliendo de los museos y galerías de arte: el ser humano obtiene así la vida completa para ejercer su capacidad de transformación, su verdadera creatividad.

Las trabas del desarrollo creativo

Todo ser humano sano nace con una capacidad creadora. Se requiere solamente las condiciones adecuadas para dejar fluir estas habilidades y sostenerlas como una actitud en el tiempo. Nuestras culturas hacen exactamente lo contrario. Los niños poseen, por ejemplo, una inclinación natural y espontánea hacia la exploración y el desarrollo de sus recursos, pero el medio (familia, escuela, sociedad) va moldeando la orientación original de esa motivación, dirigiéndola hacia la satisfacción de las necesidades que esa cultura considera como prioritarias para cada ser humano. De esta manera, esa capacidad de exploración de los niños es coartada, reprimida y dirigida de acuerdo a los cánones educativos en boga.

Así también, se atiende solamente una parte del potencial de desarrollo vital: se incentiva lo físico y lo intelectual, en desmedro de lo emocional y espiritual. La motivación natural hacia la exploración es una de las características del ser creativo. El creador busca incesantemente indagar en nuevas posibilidades, asomándose siempre más allá de lo aceptado socialmente. Sin embargo, un paradigma educativo (predominante) enfatiza la sujeción a conceptos pre-elaborados, más que el fomento de la capacidad de enfrentarse a lo desconocido. Esta motivación ancestral del ser humano no necesita ser enseñada porque forma parte del código genético, como expresión de la necesidad más básica: la necesidad de supervivencia.

Otra de las muchas limitantes que existen es la sobreprotección para los niños. El creador posee una alta tolerancia al riesgo, a la incertidumbre, a la inestabilidad, porque la exploración requiere de asumir la realidad como algo desconocido, lleno de sorpresas, peligros y…posibilidades. Esto implica desplegar todos los recursos para seguir viviendo. Dejar de sobreproteger (además de dejar de proyectar los propios miedos sobre los chicos) implica dejar de ver el mundo como algo hostil que debe ser dominado para aplacar ese miedo. Toda la vida es un riesgo, nos guste o nó, porque no se puede predecir lo que ocurrirá. La actividad creadora se basa en lo impredecible de la vida. A mayor predicción, mayor seguridad, menor actividad creativa.

*Alejandro Abufom, director de Nueva Mirada, escritor, investigador y terapeuta gestáltico (IGS)

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