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Economía colaborativa para fomentar la cultura creativa y afectiva en las organizaciones

El dinero es un elemento que aporta motivación al trabajo. Así como lo es el clima laboral, la autorrealización, el desarrollo de la creatividad, las condiciones de salud y la satisfacción de las necesidades básicas de cada persona. 

Es evidente que la motivación de las personas (desde una visión integral) influye en la productividad y ésta a su vez en la economía organizacional. 

Las personas empleadas van al trabajo y vuelven a sus casas o realizan teletrabajo, es decir, hacen una acción (que idealmente satisface sus talentos y deseos, lo cual también añade motivación y pasión) a cambio de una retribución económica. 

En la intención de innovar (a veces porque está “de moda” y otras porque realmente hay un deseo y una estrategia de hacerlo) se pide a las/os empleadas/os que dediquen su tiempo a idear, al intraemprendimiento, a descubrir tendendencias o desarrollar proyectos más allá de su trabajo habitual. A esto se les suma más exigencia y presión con lo que aumenta el cansancio y el estrés y disminuye la motivación. 

Considerando que la motivación es un elemento esencial (fuego), tendríamos que darle un valor y una prioridad importante a la hora de tomar cualquier decisión que afecte a las personas y la totalidad. 

Tengamos el coraje de generar ecosistemas de innovación, economías creativas y colaborativas que favorezcan a todas las personas y a la vida.

 

Si unimos la economía desde una perspectiva creativa, biocéntrica e integral nos relacionaríamos desde otra manera con el dinero y cocrearíamos ambientes saludables y plenos. ¿Quién no quiere vivir feliz?

Ya ha pasado a la historia trabajar con sobreesfuerzo y asociar sólo el éxito al reconocimiento. Hemos de dar paso a una época donde podamos trabajar con placer y salud, cuidando a las personas y a la vida en su totalidad. Donde el dinero se considere una energía que podamos mover con libertad de diferentes formas. ingresando de forma activa y pasiva, gastando, ahorrando, donando, diversificando, invirtiendo, holdeando, afiliándonos,…Y no solo hacerlo individualmente sino colectivamente, en una cultura creativa donde las personas se sientan plenas de dar y recibir. 

Esto quizás puede ser muy poético o también muy revolucionario. Como dice Joaquin Araújo en el El Bosque Habitado (podcast) y en su Manifiesto para Vivir: “Un manifiesto por la vida que nos insta a elegir, a declarar nuestra posición, a advertirnos, a reconocer, a buscar, a saber, a describir nuestras próximas acciones colectivas y a ser” (…) “Si todo lo que expresa la naturaleza tiene un componente de búsqueda encontrada de la belleza (…) Sin duda yo creo que un llamamiento que apele a la belleza como el elemento que hay que defender tiene que recurrir a la belleza para proponer esa acción por parte de quienes se incorporen a este llamamiento. Vamos a defender la vida pero además hacerlo lo más artistícamente posible” 

(…) “A muchas personas las han castigado varias veces por exhibir un convencimiento, una forma de ser, una forma de expresarse que intenta ser poética. Por tanto ser poético es ser rebelde y estar en línea con lo que queremos defender”. 

¿Cómo visualizas el movimiento económico en tu organización dentro de una cultura creativa y afectiva?

Esta visión nos plantea que generemos soluciones innovadoras y que tomemos diferentes decisiones. A que integremos proyectos colaborativos y nuevas estrategias creativas para generar transformación e impacto positivo.   

Nos anima también a comunicar  y a defender nuestras ideas y posicionamientos revolucionarios no desde un planteamiento aburrido, sino desde una comunicación atractiva y artística. A integrar la economía creativa con la cultura

La propuesta es a crecer como la vida, y a generar beneficios económicos colaborativos al mismo tiempo que vinculados con otros valores como la creatividad, el disfrute, la afectividad, la salud y la conexión con la totalidad de la naturaleza.  

La vida nos da un ejemplo de lo inmensamente rica que se puede ser, variada, inabarcable…la multiplicidad de la vida es también lo que la define. Al mismo tiempo ha sido ilimitada habiendo creado sus propios límites. Nos propone un ejemplo de funcionamiento ético. Hay un modelo que imitar: el de la propia naturaleza, que consigue infinitos rostros y al mismo tiempo no se excede” (Joaquín Araújo)

 

¿Cómo nos relacionamos con el dinero individualmente? ¿Y colectivamente? ¿Qué concepto del dinero hay en la organización? ¿Cómo nos sentimos? ¿Quiénes están implicadas/os en los movimientos económicos de la organización? ¿Cómo se lidera? 

¿Dónde y cómo queremos invertir la energía de nuestro tiempo? ¿Qué me/nos aporta valor? ¿Dónde sería positivo quitar y poner? 

¿Cuáles son nuestras emociones en relación con la economía de la organización? ¿Cómo alinear la economía con nuestros valores

En nuestra cultura también está el “miedo a perder”, “el miedo al error”.. y una tendencia a ir al/a médica/o cuando ya estamos enfermas/os en vez de fomentar los climas de confianza y de prevención con el fin de generar hábitos creativos y saludables. 

Partamos de entender nuestro escenario de forma integral y siguiendo la metáfora de la naturaleza, comprendamos donde se atasca la energía y generemos estrategias creativas y “flujos de acción” hacia nuestros objetivos. 

Sandra de Rivas. Líder de Neuronilla Creatividad Integral

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